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DISIDENCIA
Ni llaveritos ni nada
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - La cubana Gladys Linares Blanco es una Géminis rubia y alta que se quita los zapatos, se los regala a una disidente que los necesita, y a pesar de ser una anciana, regresa descalza a su casa, en el reparto habanero Lawton.
La semana pasada, como presidenta que es desde hace 16 años del Frente Femenino Humanitario Cubano, visitó la embajada de Eslovaquia, situada en las calles 66 y 7ma del municipio Playa, en La Habana.
Allí fue atendida por un funcionario, quien quiso tener la cortesía de obsequiarle unos libros sobre derechos humanos -¡publicados y distribuidos en Cuba!-, unos DVD con filmaciones del desplome del campo socialista, principalmente el derribo del Muro de Berlín, dos revistas: Selecciones y Vanidades, y unos llaveros alegóricos a una canción de Willy Chirino, compositor cubano que vive en Miami.
Cuando la señora Linares Blanco llegó a la esquina de la calle 7ma, la detuvieron tres policías, la subieron a un carro patrullero, y sin explicarle las razones la condujeron a la estación de policía de esa demarcación, donde la esperaban varios miembros de la Seguridad del Estado, quienes le ocuparon todo lo que llevaba en su bolso de mano.
En un pequeño cuarto de esa permaneció Gladys durante hora y media, entre delincuentes comunes y un calor asfixiante. Cuando le dieron la orden para que se marchara, preguntó por sus pertenencias y uno de los agentes, vestidos de civil, le respondió:
- ¡Ni llaveritos ni nada!
Con ese carácter rebelde que posee esta mujer, orgullosa, con una increíble capacidad de lucha, se marchó de allí, no sin antes señalarle al agente policial la arbitrariedad que cometían con ella, y también las numerosas faltas de ortografía que aparecían en el acta de decomiso que firmó y de la que, para sorpresa suya, no le quisieron dar copia.
Se conoce la larga trayectoria que ha recorrido esta activista de los derechos humanos. Perteneció al secretariado nacional de Concilio Cubano, colaboró con el Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba y fue promotora del Proyecto Varela.
Ni se acuerda Gladys cuántas firmas se recogieron en su casa para este Proyecto, que aún no ha querido aceptar el régimen, pese a que ya supera las veinte mil firmas; una idea que dio sus primeros pasos en 1988, cuando, pese a la fuerte represión policíaca, el Partido Pro-Derechos Humanos de Cuba llegó a poseer una copiosa lista de firmantes, con el fin de comenzar la lucha por la democracia en la Isla.
Le pregunté a Gladys si va a desistir de concurrir a las embajadas acreditadas en el país cuando la llamen de nuevo para una visita amigable y me dijo rotundamente que no.
Tampoco va a dejar de aceptar materiales de lectura que le obsequien, al parecer, temidos por el gobierno. Gladys se ha entregado con verdadero ahínco a la lucha por la libertad de su país y no se amedrenta con decomisos ridículos de la policía política.
- Han sido muchos años de amenazas, vigilancia, persecución, y detenciones. Los que luchamos por la democracia en Cuba hemos perdido el miedo.
Humberto Monet, fundador de una organización de combatientes veteranos que hoy son opositores, es el afortunado que pudo unir su vida a la de esta mujer generosa y valiente, que lo ha hecho feliz durante más de cuarenta años, aunque con sólo una condición inviolable: en casa quien manda es ella. Y como manda bien, Humberto la deja. Gladys cosecha en el pequeño patio de su casa café, plátanos, limones, mangos. Hasta limas, algo que no se ve en el mercado de La Habana.
Con una mujer así se necesitan tres hombres corpulentos vestidos de policía para despojarla de su bolso en plena calle.
Mejor amiga que Gladys yo no la quiero.
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