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POLITICA
¿Sucesión o transición?
Eduardo Torres, PCRO
SANTIAGO DE CUBA, Cuba - Junio (www.cubanet.org)
- El último discurso de Raúl Castro
pronunciado ante la Dirección Central del
Ejercito Occidental da pie a un profundo análisis
de la actualidad política cubana, principalmente
para los que nos encontramos comprometidos con
diseñar las estrategias desde el punto
de vista de oposición.
Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es
que estos hombres, que en sus tiempos más
prepotentes se consideraron inmortales e incluso
desarrollaron una vida mística, hoy ya
comienzan a reconocer que sus días van
llegando a su fin.
Más allá de su conocida retórica,
las palabras de Raúl dejan claro una hipótesis
que se ha manejado mucho, la posible desintegración
del poder absoluto con la desaparición
física de Fidel Castro, ya que según
sus palabras, el poder no se traspasa como se
puede traspasar una herencia. Ese poder es la
imagen, la creación y la personalidad de
Fidel, dejó entrever Raúl. Sin embargo,
para no verse obligado a reconocer que con su
muerte, desaparecerían todas esas condiciones,
dispuso como su sucesor oficial al Partido Comunista.
La Comisión Política del Partido
Cubano de Renovación Ortodoxa destaca una
interrogante que se maneja mucho entre los más
avezados políticos: sucesión o transición
en el proceso cubano.
La sucesión, considerada como la continuidad
de las actuales estructuras de poder, se contempla
a partir de la muerte de uno de los dos líderes
históricos, Fidel y Raúl. Muchos
consideran la sucesión como una regla natural
de vida, la muerte por orden de edad, en ese caso,
por lógica natural Raúl es el relevo
de Fidel.
La transición sería un cambio del
estatus quo y que en la próxima estructura
política de gobierno en Cuba participen
otros sectores de la sociedad, más allá
del actual partido comunista y reine el multipartidismo.
Se especula mucho sobre la posible negociación
del poder. El poder no se negocia por la buena
voluntad de las partes, sino por necesidad de
quien lo ostenta, ante el riesgo de perderlo.
En Cuba sólo habrá negociaciones
si el poder político entra en crisis producto
de una crisis social, ya sean los protagonistas
de la sucesión o la transición los
necesitados en esas negociaciones.
Las fuerzas de sucesión están en
ventaja para retener el poder, si se tiene en
cuenta que para establecer un mínimo de
poder se necesita un mínimo de fuerza,
y esa fuerza solamente la tiene el ejército.
Las fuerzas del cambio tendrían que apoyarse
en el poder social, o sea, la movilización
popular que desemboque en una crisis de poder
y tengan que negociarse las condiciones del cambio.
El dialogo o negociación en Cuba no se
produce porque no hay crisis de poder, o sea,
el poder no está en riesgo. Tampoco existen
contendientes de unas negociaciones que garanticen
la seguridad de los que pierdan el poder, aún
cuando el poder actual entre en crisis, a no ser
por medio de una mediación norteamericana.
Ante esa situación, la nomenclatura prefiere
atrincherarse en sus posiciones y seguir ganado
tiempo, mientras la vida lo permita.
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