PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 19, 2006
 

POLITICA
¿Sucesión o transición?

Eduardo Torres, PCRO

SANTIAGO DE CUBA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - El último discurso de Raúl Castro pronunciado ante la Dirección Central del Ejercito Occidental da pie a un profundo análisis de la actualidad política cubana, principalmente para los que nos encontramos comprometidos con diseñar las estrategias desde el punto de vista de oposición.

Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que estos hombres, que en sus tiempos más prepotentes se consideraron inmortales e incluso desarrollaron una vida mística, hoy ya comienzan a reconocer que sus días van llegando a su fin.

Más allá de su conocida retórica, las palabras de Raúl dejan claro una hipótesis que se ha manejado mucho, la posible desintegración del poder absoluto con la desaparición física de Fidel Castro, ya que según sus palabras, el poder no se traspasa como se puede traspasar una herencia. Ese poder es la imagen, la creación y la personalidad de Fidel, dejó entrever Raúl. Sin embargo, para no verse obligado a reconocer que con su muerte, desaparecerían todas esas condiciones, dispuso como su sucesor oficial al Partido Comunista.

La Comisión Política del Partido Cubano de Renovación Ortodoxa destaca una interrogante que se maneja mucho entre los más avezados políticos: sucesión o transición en el proceso cubano.

La sucesión, considerada como la continuidad de las actuales estructuras de poder, se contempla a partir de la muerte de uno de los dos líderes históricos, Fidel y Raúl. Muchos consideran la sucesión como una regla natural de vida, la muerte por orden de edad, en ese caso, por lógica natural Raúl es el relevo de Fidel.

La transición sería un cambio del estatus quo y que en la próxima estructura política de gobierno en Cuba participen otros sectores de la sociedad, más allá del actual partido comunista y reine el multipartidismo.

Se especula mucho sobre la posible negociación del poder. El poder no se negocia por la buena voluntad de las partes, sino por necesidad de quien lo ostenta, ante el riesgo de perderlo. En Cuba sólo habrá negociaciones si el poder político entra en crisis producto de una crisis social, ya sean los protagonistas de la sucesión o la transición los necesitados en esas negociaciones.

Las fuerzas de sucesión están en ventaja para retener el poder, si se tiene en cuenta que para establecer un mínimo de poder se necesita un mínimo de fuerza, y esa fuerza solamente la tiene el ejército. Las fuerzas del cambio tendrían que apoyarse en el poder social, o sea, la movilización popular que desemboque en una crisis de poder y tengan que negociarse las condiciones del cambio.

El dialogo o negociación en Cuba no se produce porque no hay crisis de poder, o sea, el poder no está en riesgo. Tampoco existen contendientes de unas negociaciones que garanticen la seguridad de los que pierdan el poder, aún cuando el poder actual entre en crisis, a no ser por medio de una mediación norteamericana. Ante esa situación, la nomenclatura prefiere atrincherarse en sus posiciones y seguir ganado tiempo, mientras la vida lo permita.


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