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SOCIEDAD
Violencia doméstica
Miriam Herrera Calvo
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Mediante
la encuesta denominada Inventario de la pobreza
rural, que realizan de forma conjunta la Federación
Latinoamericana de Mujeres Rurales y el Centro
de Estudios y Formación de la Mujer Rosa
Berre, se ha descubierto que muchas mujeres con
nivel educacional y buena situación económica
y social, ya que muchas trabajan en firmas extranjeras
o pertenecen a la elite gobernante, son víctima
de la violencia doméstica.
El caso se complica, cuando las agresiones físicas
y verbales de sus esposos quedan impunes, ya que
no se denuncian esas conductas que, se piensa,
pueden afectar su imagen política y social,
comprometiendo su posición laboral o su
cargo ejecutivo. En algunos casos de violencia
doméstica las víctimas se niegan
a dirigirse a los organismos gubernamentales porque,
debido al nivel de influencia de sus esposos,
sus planteamientos no son escuchados o las medidas
con los victimarios son insignificantes, dejándolas
en total indefensión.
Algo aterrador es que muchas de sus victimas
son arrojadas a la calle por sus maridos alcohólicos,
casi siempre en horas de la noche. Se ven obligadas
entonces a permanecer largas horas deambulando
por las calles sin amparo de nadie. El círculo
vicioso de la violencia doméstica en Cuba
se agudiza por no existir viviendas alternativas
para las personas en conflicto, ya sea por alquiler
o compra de inmuebles.
El trabajo de campo de la investigación
social que realizamos también ha puesto
de manifiesto cómo mujeres de la tercera
edad buscan en los contenedores de basura objetos
de todo tipo, unos para la venderlos al estado
en los lugares de reciclaje y otros para su propio
consumo. Incluso, algunas venden productos básicos,
como la leche de sus hijos, para cubrir otras
necesidades.
Una investigación en Loma Modelo, en
el Municipio de Regla, Ciudad de La Habana, arrojó
que a pesar de que el 60% de las mujeres residentes
trabajan en alguna dependencia estatal, su problema
principal es garantizar alimentación y
vivienda adecuada a su familia. En número
menor, pero existente, muchas carecen de un lugar
dónde vivir. Todas las mujeres presentaban
serias dificultades para trasladarse a sus centros
laborales, y muchas lo hacen con niños
pequeños los cuales estudian cerca del
lugar donde laboran.
Algo alarmante es el gran número de mujeres
solteras o en uniones libres, con poca responsabilidad
sobre la familia.
Las sociedades, durante lustros, han creado
leyes, organizaciones encargadas de condenar conductas
tan reprochables como el abuso contra las mujeres.
Pero no todas poseen la valentía para denunciar
la violencia de las que son objetos, por parte
de lo hijos y maridos alcohólicos.
Cuba, a pesar de ser una sociedad cerrada bajo
un régimen policial, este fenómeno
no se comporta diferente al de otras sociedades
más abiertas, por lo que hacemos un llamado
a las diferentes organizaciones gubernamentales
y no gubernamentales relacionadas con el tema
de la mujer, para que se solidaricen con nuestra
causa, y así, todas juntas, emprender acciones
rápidas para el rescate de esa población
de mujeres que en situaciones de riesgo, sin importar
sus creencias religiosas o políticas. Sólo
nos debe importar su condición de arquitectas
naturales de la vida.
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