21 de mayo de 2008   IMPRIMIR   VOLVER AL INICIO
 
CRÓNICA
 

Amanecer en La Habana

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - La lluvia sofocó el calor de la noche. El primer aguacero de mayo es beneficioso para la salud. Saqué las manos por la reja de la puerta y me mojé la cara y el torso. El calor del cuerpo disminuyó. Regresé a la cama. Regresé a la cama. Dormí bien. Cuando abrí los ojos eran las seis y media. La ausencia de nubes presagiaba calor.

 

Lucas Garve junto a su puerta

Radio Reloj da la hora. Las siete de la mañana. Anuncian desastres. Críticas a la Unión Europea. Dicen también que en Florida la gente se muda a causa de las hipotecas.

Desde el viernes no salgo. Instalado en un suburbio del sur de La Habana, prefiero quedarme en casa a viajar durante 40 minutos hasta el centro. Hoy tendré que salir por obligación. Estos barrios suburbanos tienen una comodidad: la concentración de establecimientos comerciales en dos o tres cuadras. Sólo hay que caminar hasta la calzada.

Pero si se hace necesario llegar a algún lugar temprano, es mejor estar en la calle antes que el sol asome. Los ciudadanos salen como hormigas y aunque los ómnibus pasan con frecuencia en estos días, más vale coger uno antes de la avalancha de las 7 a.m.

Cargué un cubo de agua para asearme (hace años no hay agua corriente). Salgo del baño y bebo el café recién colado. ¿Cuándo tendré una cafetera expreso? En Radio Reloj repiten las mismas noticias: la matraca de las mudadas en Florida me hace pensar en las dificultades para mudarse aquí en La Habana. Encontrar un camión es algo serio, aunque el papeleo de los trámites burocráticos para las permutas ha disminuido.

Debo prepararme para navegar por Internet, luego de coger dos guaguas. ¡Si apareciera la pipa del agua! Hace quince días que no viene. No hay mejor remedio para el calor sofocante que una ducha de agua fría.

A las 10 y 30 siento un ruido. Es la turbina de la pipa. ¡A correr! Esta noche cuando regrese podré utilizar dos cubos de agua para bañarme. Casi un lujo. El chofer de la pipa extrae un pedazo de papel del bolsillo y me dice que no tiene el número de donde vivo en la relación del suministro. Entonces le ruego, pongo cara de desesperación. Se conmueve y creo que me echará agua. Espero. Son las 11 de la mañana. A las 12 y media es mi cita con Internet. Al fin, llenaron la cisterna de la vecina. Ahora me toca a mí. Estiro la manguera y casi no alcanza al primer tanque, faltan 50 centímetros. Ya sale el agua con fuerza y creo que estoy apagando un fuego. Levanto la manguera. Ya cae el agua en el recipiente. Se llena. Paso al otro. Respiro. Al menos 110 galones de agua fresca. Voy directamente a descargar el inodoro.


 

 

 
 
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