OPINIÓN
Mejor que las medallas, el brillo humano de las Olimpiadas
Miguel Saludes
MIAMI, Florida, septiembre, (www.cubanet.org) -Con gran expectación el mundo aguardó el instante en que las llamas sobre el pebetero señalaran que los Juegos Olímpicos de Pekín estaban abiertos. Numerosas especulaciones rondaban sobre este momento de la ceremonia, que ha pasado a ser el plato fuerte de la fiesta inaugural. Algunos hablaban del toque espectacular de un dragón, magia electrónica, encendiendo la pira. Las expectativas no quedaron defraudadas, pero correspondió nuevamente al hombre realizar el acto más esperado en todo el planeta. El director de cine Zhang Yimou, prefirió la novedad de poner a correr por todo lo alto, como si tuviera alas en los pies, al ex atleta chino Li Ning -tri campeón olímpico en Los Ángeles y exitoso empresario de una firma de implementos deportivos bajo su nombre- para que llevara la tea hasta el sitial de honor.
Y si algo hay que destacar entre las luces y sombras de los Juegos celebrados en China, es que el aspecto humano se mantuvo por encima de consideraciones de carácter deportivas o políticas. Desde el impecable trabajo realizado por miles de participantes en los cuadros coreográficos, los voluntarios de todas las nacionalidades, el público y los mismos atletas, todo contribuyó a realzar la esencia espiritual de los hombres y mujeres envueltos en esta epopeya deportiva.
Las nubes de los odios desatados entre Rusia y Georgia no pudieron romper la paz de las competencias. Tampoco una decisión absurda pudo quitarle el deseo de competir a la voleibolista cubana, nacionalizada italiana, Taismary Agüero Leiva, a quien se le negó entrar a su tierra natal, en momentos en que su madre agonizaba. Cuando le extendieron el permiso como un triste favor, ya no existían razones para tomarlo. Las lágrimas de Taismary durante el juego contra la selección uzbeka, la fuerza de sus remates, expresaban el dolor mezclado con la impotencia ante la absurda maniobra.
Esta especie de castigo aplicado a la atleta de origen cubano y la retórica castrista, empeñada en acusar de traidores a quienes han renunciado a seguir siendo tratados como una propiedad estatal en su propio país, contrastó con otros valores testimoniados en Beijing. Las instalaciones deportivas fueron escenario no solo del esfuerzo de los participantes por conseguir la victoria sino de un espíritu de cordialidad que rebasaba la estrechez de conceptos nacionales.
Así ocurrió cuando al frente de la delegación norteamericana desfiló portando la enseña nacional un joven de origen sudanés. La terrible historia de Lopez Lomong, quien fue secuestrado en su país para ser un niño soldado, pasó ante la Humanidad. Representando a Estados Unidos como ciudadano de ese país, no dejó de ser referencia de su natal Sudán.
Otro caso conmovedor fue el de la gimnasta Oxana Chusovotina, nacida en Uzbekistán y de nacionalidad germana. En esta ocasión la ex campeona en Barcelona 92, ahora con 33 años, logró una presea plateada para el país donde su pequeño hijo, enfermo de leucemia, recibe tratamiento. Ella no fue rechazada por sus compatriotas cuando se colocó por encima en la notación. Al contrario recibió abrazos y felicitaciones. En la misma disciplina Liang Chao, ex integrante del equipo nacional chino, fue acogido con parabienes por parte de sus coterráneos cuando Swan Jonson, su discípula, obtuvo el oro en magistrales actuaciones. Lo mismo ocurrió con la entrenadora del equipo de voleibol femenino norteamericano. Lang Ping ex miembro del seleccionado nacional de China que obtuvo el título olímpico en 1984, el mundial de Perú en 1982 y las Copas de 1981 y 1985, condujo al equipo estadounidense a la corona olímpica sin dejar de perder por ello el reconocimiento de sus compatriotas, que ven en ella un icono.
A pesar del pobre desempeño de la delegación cubana, hay que destacar la actuación de los deportistas que compitieron y que necesariamente no siempre tienen que salir por la puerta ancha del medallero. Ellos no son maquinarias de jugar. Son tan humanos que pueden ganar y perder. Algunos comienzan a dar muestras de su individualidad e independencia, no solo como atletas. Uno de ellos fue precisamente el campeón en salto con vallas Dayron Torres. Parece que el joven consideró justo firmar una carta donde pedía el respeto para los derechos del pueblo tibetano. Aunque la noticia quedó apagada a pocas horas de comenzar la cita, existen detalles que parecen confirmar el hecho. Un inesperado viaje a La Habana desde Europa y la insistencia de la prensa oficial en resaltar las declaraciones de Torres sobre ese vuelo relámpago, así como sus declaraciones de buena voluntad hacia el pueblo de China, dicen más que cualquier otra nota.
¿Habrán ocupado estos aspectos un lugar en los comentarios de las Mesas Redondas de la televisión cubana o al menos fueron tenidos en cuenta por quienes describieron al pueblo cubano lo acontecido en Pekín? No lo creo.
Las Olimpiadas de verano 2008 son parte de un pasado reciente. Londres se avecina. Esperemos que para entonces siga prevaleciendo el sentido fraternal en los juegos más antiguos de la Humanidad. Y que los competidores cubanos sean aclamados desde su Patria, no importa la camiseta que vistan o las medallas que dejen de obtener.
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