Los mil usos de un tanque de basura
Leafar Pérez.
LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Cubos, percheros, pozuelos para guardar alimentos, palitos de tendera, escobas, escobillones y chancletas de baño pregonan los vendedores callejeros en cualquier parte de la ciudad.
La curiosidad me llevó a preguntar a uno de ellos de dónde sacaban la materia prima. La respuesta me puso a reflexionar:
-¿De dónde va a ser, compadre? Derritiendo los tanques de basura.
Depósito, tanque, contenedor de basura. Lugar donde las personas vierten los desperdicios. Pero en Cuba, las carencias cotidianas y la inventiva popular han encontrado para los mismos nuevos usos, aun los más inimaginables. He visitado casas donde estos tanques de basura, una vez que se limpian, se utilizar para almacenar agua.
Es común ver los tanques de basura en las esquinas, y aunque están a la vista de todos, desaparecen sin que nadie vea a los autores del robo. De nada valen las altas multas para quienes son atrapados por la policía en el momento de canibalear (cortar en pedazos) o sustraer uno de los tanques.
Una vez en poder de los “plastiqueros”, como ellos mismos se llaman, el depósito es trasladado al patio de una casa donde es cortado en pedazos, derretido y convertido en cualquier objeto que se pueda vender. También las ruedas son usadas para carretillas, que tienen buena demanda, a pesar de que la policía las decomisa e impone altas multas a los dueños.
El gobierno ha optado por ir sustituyendo los tanques plásticos por otros de metal.
Aunque estos no tienen tapas, por lo que la basura queda a merced de ratones, cucarachas y moscas, sin contar a los perros y gatos callejeros que hacen un festín con las sobras que se depositan en los mismos. Ni que decir de los malos olores, pues habitualmente la basura se acumula en los tanques durante muchos días. De todas formas, cuando se acaben los tanques plásticos, los cubanos encontrarán mil usos más para darle a los de metal.
Por lo pronto, cada vez que me baño miro a mis pies y me pregunto con qué tanque de basura habrán hecho mis chancletas. Prefiero ni pensar en cuánta basura habrá pasado por allí el plástico que ahora pisan mis pies.
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