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| Notas para una expedición Miguel Saludes MIAMI, Florida, mayo, (www.cubanet.org) -A finales de los ochenta visitó Cuba una comisión de relatoría de la ONU para testificar violaciones de derechos humanos. Por aquellos días las puertas del Combinado del Este de La Habana se abrieron a unas visitas poco usuales. Jóvenes escogidos fueron llevados al lugar para que vieran, y transmitieran, lo bien que se la pasaban los presos en el afamado reclusorio. A su regreso del paseo una amiga contaba sobre el ambiente acogedor de los cubículos habitados por parejas homosexuales. Sus adornos, perfumes y hasta alguna alfombra en el suelo. Se asombraba por la educación mostrada por los presos mientras compartían un filme marcado con tres advertencias clásicas del cine para adultos. Se extrañó que aquellos hombres jamás le lanzaran ni siquiera una mirada insinuante. Es de aclarar que la joven estaba dotada de un rostro y cuerpo de belleza excepcional. Pero la realidad del mundo carcelario cubano es bien diferente. Los testimonios continúan saliendo mediante cartas y denuncias, aunque el mundo prefiera escuchar versiones más agradables. Y para complacencia de esos oídos acaba de concluir la Expedición encabezada por Silvio Rodríguez a una decena de recintos penitenciarios en todo el país. La delegación, compuesta por varios artistas, llevó centenares de reclusos manifestaciones de música, pintura y literatura en un periplo que culminó el pasado 28 de abril en la Isla de la Juventud. Silvio, propulsor de la propuesta, manifestó a la prensa sus impresiones sobre la inusual concurrencia ante la que actuó en varias ocasiones. Los medios oficiales siguieron el recorrido, destacando algunos detalles como las entregas de libros hechas por Reynaldo González, premio nacional de literatura, o el mural realizado por Alexis Leyva Machado (Kcho), Ernesto Rancaño y Vicente Hernández en el penal pinero. Muchos años después la Iglesia cubana reinició el viejo proyecto a nivel de todas sus diócesis. La pastoral Carcelaria, una vez más bajo el patrocinio de los discípulos de San Vicente y Santa Luisa de Marillac, cobró vida. Libros, intercambio epistolar, ayuda alimenticia y de medicinas, así como una catequesis primaria, llegó como brisa fresca a los penales. Esta obra no ha contado con los buenos deseos de las autoridades y mucho menos ha tenido espacio en la prensa. Es bueno que se reconsidere el camino y se torne a la senda del bien, con vista a una doble re inserción. No solo los presos deben ser devueltos a la sociedad. Esta también necesita saneamiento y con ella el sistema que encarceló a centenares de jóvenes, hombres, mujeres y hasta adolescentes, por delitos que en realidad no merecían ese castigo. En ello se incluye a los que han padecido a causa de su pensamiento y que nunca debieron pasar por esa experiencia. Un capítulo que debe concluir para no repetirse jamás.
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