Las “ciberclarias” también atacan por Messenger

Las “ciberclarias” también atacan por Messenger

Messenger no es seguro, como tampoco lo es hacer periodismo o denunciar los presos políticos de una dictadura que esconde sus muertos

Messenger
Messenger de Facebook. Foto de Internet

LA HABANA, Cuba.- Llevaba un tiempo preguntándome dónde estaban metidas las “ciberclarias”. ¿Habían sido afectadas por un recorte de presupuesto? ¿Estarían ahorrando combustible? ¿Fueron movilizadas con motivo de la pandemia de COVID-19? ¿Finalmente habrían encontrado algo útil que hacer que no fuera “trolear” las publicaciones ajenas o espiar a periodistas y activistas para aplicarles el Decreto-Ley 370 con plena impunidad?

No obstante, apenas comenzó la cuarentena, a mi cuenta de Facebook llegó un aluvión de invitaciones de falsos perfiles. Tuve que sortear a Daniel Ortega y Hansel Moreno, ambos nombres robados de personas conocidas; a los patrióticos Carlos M. de Céspedes y Pepe de Cuba; al que con imágenes pornográficas intentó atraerme como Crictiano Criminer; y al de la cultura clásica, Prometeo Encadenado. Después de rechazarlas y burlarme públicamente de sus intenciones, desaparecieron.

Confieso que sentí nostalgia cuando dejaron de enviarme solicitudes de amistad o cuando ninguno de ellos comentó durante mi directa en la plataforma de INSTAR. Sin embargo, no dejaron que me durara demasiado mi melancolía.

La semana pasada amanecí con un mensaje en Messenger de una mujer que dice llamarse Grettel Peresz que me preguntaba si yo apoyaba la libertad de Cuba. Me escribía porque tenía que explicarme “algo”, decía. Acostumbrada a responder a desconocidos puesto que muchas de las denuncias sobre las que he escrito han llegado por esa vía, le respondí y le tomé la llamada que pidió hacerme para explicarse mejor.

La conversación duró un minuto y 34 segundos. La supuesta Grettel quería “explicar” que ese no era su perfil real, que ella era parte de una organización radicada en Miami que “le daba dinero a todas las organizaciones de la oposición cubana”. Mencionó algunas, pero nunca me dijo cuál era su súper organización ni cuál era su nombre real. Ella solo necesitaba saber si yo estaba o no a favor del Gobierno para enviarme dinero.

Cuando le corté la comunicación tras asegurarle que yo sabía quiénes eran, me siguió texteando.

Como certificado de autenticidad me dijo que le podía preguntar a la periodista Camila Acosta y que entendía que tuviera miedo, que solo quería transmitir que pagaría “a cada cubano 300/400 dólares por continuar en casa”. Me aseguró además que quienes me conocían me contactarían.

Al día siguiente llegó el contacto. Me envió invitación un tal “Mojón Oloroso”. El nombre lo decía todo. Era un perfil falso que se dedicó a amenazar de muerte a los activistas Nonardo Perea y Yosmany Mayeta, a los periodistas Maykel González Vivero y Jorge Ángel Pérez. A mí no me amenazó quizás porque no le di la oportunidad; no respondí ni me enteré si me escribió al Messenger para decirme qué me haría. No le di el chance al miedo, pero no me cabe duda de que quien se hizo pasar por Grettel Peresz, si no es la misma persona, es del mismo equipo.

El perfil de Grettel Peresz está activo; pertenece a una supuesta mujer que publica fotos de lo que parece ser su familia, además de replicar artículos de CubaNet y otros medios independientes. Peresz nació en la Isla de la Juventud, en Nueva Gerona; dice que vive en Pinecrest, Miami, y como nos unen 11 amigos, quizás por eso acepté su solicitud de amistad no sé cuándo.

No es la primera vez que intentan vulnerar mi privacidad. Hace casi dos años chatee con la activista Daniurka González y, cuando la conversación subió de tono, me extrañó que usara ese lenguaje conmigo. La llamé y descubrí que no estaba ni siquiera conectada.

A principios de año, una amiga periodista colombiana me escribió pidiéndome ayuda porque vendría a Cuba y necesitaba enviar parte de su equipaje antes. Me llegó a mandar hasta una supuesta factura de la aerolínea Avianca, pero de repente mi “amiga” me mencionó el nombre de mi madre y me dio otros detalles de mi vida personal que no tendría modo de saber. La llamé y ella no había sido quien me había contactado.

El chateo con Daniurka lo denuncié en un artículo, pero sobre lo que me sucedió con mi amiga colombiana solo le conté a un par de personas, para que estuvieran atentas por si pasaba algo más.

No han sido los únicos, pero todos me han parecido ataques de ciencia ficción en los que no debía invertir energía ninguna. En esta ocasión creo que se han superado a ellos mismos en su empeño de sembrar el terror por cualquiera de las vías que tengan a mano. Así que tengo que denunciarlos.

Supongo que el perfil de Grettel Peresz haya sido jaqueado. O sea, a la única a la que se le ha vulnerado su privacidad en el ciberespacio no ha sido a mí. Supongo también que la propuesta intentaba tomarme por ingenua e incriminarme por aceptar dinero de alguna organización en Miami. Contaron, quizás, con que en un impulso de indignación ventilara en mi muro de Facebook de dónde salen mis recursos. Si es así, les comento a los interesados que todos son frutos de mi trabajo.

Messenger no es seguro, como tampoco lo es hacer periodismo en las calles o denunciar los presos políticos de una dictadura que esconde sus muertos tras enfermedades pulmonares, juicios amañados o delitos construidos. En resumen, todo sobre lo que he decidido escribir. Entonces, en vistas de que no renunciaré a mi trabajo, sería más útil para el país o sus gobernantes encaminar ese ejército de acosadores vestidos de informáticos a producir alimentos, porque acosar activistas no da dinero ni quita el hambre.

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Acerca del Autor

María Matienzo Puerto

María Matienzo Puerto

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

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