La historia cubana de Rapunzel: A vender el pelo, que no hay champú

La historia cubana de Rapunzel: A vender el pelo, que no hay champú

Muchos cubanos no imaginan que el comercio de cabello en la Isla es tan común como el mercado de ropa o zapatos importados.

Dos mujeres venden su pelo en Revolico.com

LA HABANA, Cuba. – Surelys no sabía que cargaba una “fortuna” sobre su cabeza. Dice que andaba desesperada buscando dinero para completar unos ahorros y comprar un refrigerador, entonces fue una vecina, peluquera de oficio, la que le “iluminó el camino”. “Véndeme tu pelo”, le propuso, y ella se echó a reír pensando que era una broma. Pero no, era un negocio real. 

Eso fue en 2014 y, por su moño lacio y rubio de unos 40 centímetros de largo, Surelys dice haber recibido la suma de 350 dólares, una cantidad que doblaba el precio estándar en aquel momento, de entre 100 y 150 dólares, tan solo por el color, difícil de encontrar en Cuba, y lo bien cuidado que estaba, algo igual de raro en un país donde un pomo de champú “común y corriente” suele costar casi un tercio del salario de un trabajador.

A pesar de que siempre gustó de llevar el pelo largo, Surelys jamás había escuchado sobre el contrabando de pelo. Mucho menos imaginó que en la Isla algo así sería tan común como el mercado de ropa o zapatos importados, todos igual de clandestinos e ilegales como lo es cualquier intercambio o iniciativa comercial que pretenda demasiada independencia del Estado.

“Después fue que me enteré que hay cantidad de gente que se dedica a eso, que se van hasta Oriente y se meten por todos esos montes a comprar moños de pelo”, cuenta Surelys, quien, entusiasmada por aquella primera vez, asegura haber vendido su cabellera en dos ocasiones más.

“Ojalá el pelo creciera más rápido porque me haría rica pero es imposible. No soy Rapunzel”, comenta la mujer: “En realidad nadie puede vivir de eso porque el pelo tarda años en volver a crecer es algo que te saca de un momento de apuro, como me pasó a mí que andaba como loca con el refrigerador roto, la última vez que vendí fue en diciembre: me pagaron 500 por un moño de 36 centímetros pero eso es raro, normalmente por pelo castaño y lacio lo que pagan ahora, creo, son 200 o 300 pesos (dólares) cuanto más, y eso que ha subido de precio. Ahora con esto de la pandemia, posiblemente como la gente está arrancada, estén vendiendo por menos”, dice Surelys. Sus declaraciones son igual de negadas y confirmadas por varias personas que conocen del negocio y que pudimos contactar vía Internet, siguiendo las muchas publicaciones que existen en las páginas de ventas online.

“No creo que nadie haya pagado tanto por un moño aunque sea rubio, lo que estamos pagando ahora son 100 (dólares) por un moño de 40 centímetros”, nos informa uno de los compradores en conversación telefónica. 

“Lo más que he pagado yo fueron 300 dólares a una yuma (extranjera) y porque tenía el mejor pelo que he visto yo en mi vida, pero aquí en Cuba nadie le paga a nadie eso, por muy buen pelo que tenga, y menos ahora que todo el mundo está pasmado (sin dinero). Yo en estos días he comprado moños, de pelo lacio, impecable, por 20 pesos (dólares)”, dice una vendedora a la que contactamos vía WhatsApp. 

“Aquí (en La Habana) es posible que alguien venda en 100 o 150, quizás porque ahora no es posible salir de La Habana, porque lo más rentable es salir para el campo, para allá por Granma y Santiago, donde consigues buen pelo por 40 o 50 (dólares). Después a eso le puedes sacar tal vez hasta 20 veces lo que te costó”, afirma Brian, un peluquero que dice sacar entre 50 y 60 extensiones de cada moño que compra.

“Los vendedores me los dan por 100 o 150, depende, pero se les saca. Hay quienes usan pelo sintético pero se nota a la legua que no es natural, y cuando quieres unas buenas extensiones buscas que el pelo parezca real, mientras más cuidado, más pagan. Aquí yo todos los meses hago más de 20 extensiones, así que a un moño de pelo le saco rápido lo que costó y por supuesto que más, si no, no es negocio”, comenta Brian.

Moños en venta (Foto: Revolico.com)

Mirna, una compradora de las pocas compradoras que accedió a conversar con CubaNet, aseguró que los precios han bajado respecto a años anteriores, a pesar de que muchos de los compradores han estado vendiendo los moños de pelo fuera de Cuba donde suelen costar muchísimo más de lo que pagan los peluqueros de la Isla.

“Ahora porque (el país) está cerrado pero ese pelo da más dinero cuando se vende fuera (de Cuba). Hace unos años sí se vendía caro, fue cuando se puso de moda y todas las jineteras (prostitutas) se ponían extensiones. Las pagaban carísimo, el moño de pelo estaba por los 200 y 300 dólares, eso es verdad. Pero ya no. Sigue estando de moda pero no hay dinerito. 

“Ahora sería el momento de vender y comprar, porque no hay champú, pero no se puede salir de La Habana, la gente está vendiendo muy barato porque no hay dinero. Lo que hacen es ir para el campo, comprar por 20 o 30 dólares y después venderlo en Miami en 300, pero en Cuba ningún peluquero da más de 150 por un moño. Ahora ves toda esa pila de anuncios en Revolico porque la gente anda como loca vendiendo, y supongo que es porque no hay champú, y si empiezan a lavar esos moños con jabón entonces no valdrán ni un kilo prieto cuando los vendan”, señala Mirna.

Aunque parezca “dinero fácil” para quienes venden el pelo, en realidad no lo es. Lograr que el cabello crezca saludable y se mantenga así durante más de dos años es una tarea que demanda esmero y paciencia. Cualquier descuido pudiera arruinar los planes de obtener un buen precio por un buen producto. Y en Cuba, donde el desabastecimiento se ha convertido en un problema a perpetuidad, la tarea de “cultivar” un moño “vendible”, cuando se calcula el costo de lo invertido, puede resultar decepcionante.

De acuerdo con lo divulgado en diversas publicaciones científicas consultadas al respecto, el cabello humano crece a razón de entre 10 y 15 centímetros anuales, de modo que obtener un moño de unos 40 centímetros de largo le tomará a una persona casi tres años de cuidado sostenido si pretendiera obtener algún provecho de tan larga espera.

“Lo que gastas en champú, en productos para que no se reseque, que no salgan horquetillas, que crezca más rápido, el tiempo que empleas en darle cepillo por las noches, que no se queme con el sol, me imagino que al final la ganancia sea nada”, comenta Karen, una joven a la que alguna vez le propusieron comprarle su moño de pelo pero que se negó por considerarlo abusivo.

“No creas que no lo pensé porque el dinero me hacía falta pero ¿cómo voy a vender mi pelo por 50 dólares? Ni por 100, si en todos estos años me he gastado más que eso”, dice la joven y seguido saca cuentas rápidamente para concluir decepcionada: “Un champú son mínimo tres dólares, la crema de tratamiento va por ahí, la peorcita. Además, échale huevo para que crezca un poquito más rápido, un huevo, fíjate tú, un huevo, que en este país es un milagro comerse un miserable huevo para que uno se lo eche en la cabeza, o un aguacate, que mejor me lo como. No, eso es un abuso. Prefiero que se me caiga de tanto estrés, que en este país es lo más probable”.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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