Medidas represivas para controlar a una Habana enfurecida

Medidas represivas para controlar a una Habana enfurecida

Las más recientes medidas impuestas a partir del 1º de septiembre son catalogadas por muchos como arbitrarias y exageradas en el control de la epidemia, pero sí efectivas para frustrar un posible estallido popular

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Policías cubanos. Foto Sadiel Mederos/Periodismo de Barrio

LA HABANA, Cuba.- Al tiempo que crecen el descontento, la falta de alimentos y la propagación de la epidemia del coronavirus en la capital de todos los cubanos, la represión también aumenta. La dictadura se las ingenia para crear medidas represivas cada vez más sofisticadas. De cara a la creciente crisis la televisión cubana se ha convertido en una de las herramientas más eficaces no sólo para desinformar, como siempre lo ha sido, sino también para intimidar. Así, observamos cómo funcionarios y dirigentes comparecen a diario ante los medios de difusión masiva vistiendo sus uniformes militares verde olivo para dar un mensaje inequívoco: vivimos en un país militarizado. Asimismo se presentan uniformados a sus recorridos por centros de trabajo, o en distintas actividades en la ciudad.

Otra muestra de represión es la forma en que el gobierno maneja los distintos “eventos” —así nombran a los episodios donde aparecen varios contagiados—. A las personas infectadas las hacen sentir culpables, irresponsables, y en algunos casos enfrentan procesos judiciales por propagar epidemias. Este tipo de represión es inconcebible, máxime cuando el verdadero responsable de la propagación de la COVID-19 es el gobierno comunista que se empecinó en no cerrar las fronteras. Este proceder pretende crear un estado de opinión desfavorable hacia esas personas, a la vez que se manipula a la población para incrementar las medidas represivas.

Desde que aparecieron los primeros casos de la COVID-19 comenzó la cacería de policías e inspectores contra quienes no llevaban nasobuco o lo llevaban mal puesto. Además de aplicarles multas que no bajan de 2000 pesos, ya se trate de un anciano, un trabajador o un estudiante, como medida ejemplarizante lo publican en los medios.

Así lo cuenta Jesús Urrutia, que presenció cuando a una anciana le pusieron una de esas multas en un momento en que llevaba el nasobuco corrido. La pobre mujer, muy nerviosa, imploraba y gimoteaba que vivía de una pensión de 300 pesos y que nunca había visto 2000 pesos juntos. Para colmo, el nuevo plazo para pagar las multas es de diez días, o se duplica el monto. Decididamente, al gobierno le urge recoger el dinero circulante, es por eso que aumenta la cantidad y cuantía de las multas.

Con el pretexto de controlar la pandemia, el régimen toma medidas represivas que no engañan a los cubanos desesperados por las dificultades para comprar alimentos imprescindibles como aceite, granos y alguna ínfima ración de pollo o huevo. Llama mucho la atención de la población que estas medidas sólo están apoyadas por un gran despliegue policial en avenidas y lugares céntricos, mientras al interior de los barrios la ausencia de efectivos policiales es total.

Me cuenta Maricela que recorrió las TRD de los alrededores en busca de detergente y pollo, o picadillo, para darle a su niña, pero no encontró. Sin embargo, en la Virgen del Camino había, pero aunque le queda cerca no pudo comprar porque vive en otro municipio.

“Ya han pasado más de diez días de esas medidas —comenta Raúl— y todavía no hemos visto los alimentos que iban a acercar al barrio. Dicen que las medidas son para el distanciamiento social, pero las colas están ‘prendidas’. Sacaron boniato en el agro y aquello fue horrible”.

Otro de los controles que está aplicando el gobierno es la entrega de una tarjeta, con todos los datos del solicitante, que funciona como autorizo temporal para acceder a la red comercial en el caso de quienes viven en un municipio diferente al que aparece en su carnet de identidad. Una forma eficaz de tener controlados a los “ilegales”, por si acaso.

Una de las medidas más drásticas es la de prohibir la circulación de personas y vehículos de 7 pm a 5 am, con el supuesto objetivo de contener el rebrote de la COVID-19, argumento que no tiene credibilidad puesto que el mayor riesgo de contagio se da en las multitudinarias colas, que ocurren durante el día y para las cuales el gobierno no tiene solución, pues son muy pocos los productos que pueden vender. Esa sí puede ser la causa de las medidas represivas para tratar de controlar las crecientes protestas de la población.

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Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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