“Se nota que Díaz-Canel lo tiene todo garantizado”

“Se nota que Díaz-Canel lo tiene todo garantizado”

Al cubano de a pie no le queda otra alternativa que coger la calle para luchar por el diario sustento, aún bajo el peligro del coronavirus

Cuba, Miguel Díaz-Canel,
Cola en una tienda de La Habana (Foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Durante las seis décadas que llevamos los cubanos haciendo colas para adquirir los productos de primera necesidad, o para recibir servicios que nos resultan impostergables, hemos constatado que esas largas esperas son espacios en los que, con frecuencia, la ciudadanía dice sus grandes verdades.

Y, por supuesto, que estos días de kilométricas colas en el contexto de la pandemia del coronavirus no podía ser la excepción. En una fila interminable de personas que pretendían comprar pollo se oyó la voz, casi en susurro, de un señor que decía: “Se nota que Díaz-Canel lo tiene todo garantizado”

Como es lógico suponer, el señor se refería a ese eslogan del Presidente que se repite hasta la saciedad, y que conmina a la población a quedarse en la casa para protegerse de la enfermedad. Claro, él no necesita moverse de su residencia para disfrutar de todo tipo de alimentos y otros artículos de consumo, mientras que el ciudadano de a pie tiene que guapearla en la calle para acceder a esos bienes.

Son colas en las que la policía y otros militares limitan la entrada de público al interior de los establecimientos comerciales con el objetivo de evitar la aglomeración de personas. Sin embargo, se trata de una medida más formal que efectiva, pues afuera de los establecimientos las personas se amalgaman en medio del estrés provocado por el temor de que se acabe lo que anhelan comprar.

Y es que en estos días hay colas para todo. A las ya habituales para el pollo, el aceite y los artículos de aseo, se añaden ahora las colas para los perritos, las hamburguesas, el queso, los picadillos y cualquier otra cosa que vendan en las tiendas.

Las autoridades quieren dar a entender que todo no es más que una consecuencia del coronavirus. Pero sabemos que asistimos a una situación más grave, matizada por la debacle que atraviesa la economía de la Isla, y que exhibirá momentos de mayor tensión incluso una vez concluida la pandemia.

Últimamente ha trascendido que la empresa Suchel, encargada de la fabricación de artículos de aseo como jabones, detergentes y pasta dental, se ha visto muy afectada por la retirada de un inversionista extranjero que había pactado un negocio conjunto con ella. Un trance que corta el financiamiento para muchas de las producciones de Suchel y que, evidentemente, nada tiene que ver con el coronavirus.

Otra crisis se viene presentando con el arroz, ese alimento básico en la mesa de los cubanos. El arroz que se vendía de forma liberada se ha perdido, y el gobierno solo puede garantizar a duras penas el que se oferta por la libreta de racionamiento. De un momento a otro las cafeterías y restaurantes particulares no podrán ofertar platos que contengan ese producto.

Las perspectivas para garantizar, al menos, esa cuota normada que el gobierno eufemísticamente denomina “canasta básica” casi descansan en las importaciones, ya que la producción nacional de esa gramínea es presa de la incertidumbre.

Se ha sabido, por ejemplo, que en la provincia de Granma, el territorio mayor productor de arroz en el país, dejaron de cultivarse en la pasada campaña unas 6 mil 097 hectáreas de la gramínea por limitaciones con el combustible, los fertilizantes y otros productos químicos que contiene el paquete tecnológico.

En resumen, y aunque le moleste al señor Díaz-Canel, al cubano de a pie no le queda otra alternativa que coger la calle para luchar por el diario sustento, aun bajo el peligro del coronavirus.

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Acerca del Autor

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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