Monumentos cubanos en peligro

Monumentos cubanos en peligro

Hasta ahora en Cuba no se derriban bustos o estatuas desde los años iniciales del triunfo de la revolución

José Miguel Gómez
Monumento a José Miguel Gómez. Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- Mientras en los Estados Unidos son profanadas y vandalizadas las estatuas de las más disímiles personalidades por manifestantes antirraciales enojados por la muerte del afroamericano George Floyd, en Cuba ya se levantan voces para solicitar la retirada de estatuas de patriotas supuestamente racistas como José Miguel Gómez.

El pasado 15 de junio, el blog Comunistas publicó un artículo titulado Monumentos al racismo en Cuba. El texto apunta a que los dos monumentos existentes en Cuba, dedicados al Mayor General y ex presidente de la República, José Miguel Gómez y Gómez, uno en Santa Clara y el otro en el capitalino reparto Vedado, deben ser retirados.

Según Frank García Hernández, autor del texto reseñado, José Miguel Gómez era un asesino que intentó llevar a cabo una limpieza étnica al reprimir y masacrar a los afrodescendientes que se rebelaron en 1912, encabezados por el Partido Independientes de Color.

Hasta ahora en Cuba, salvo el episodio de Clandestinos a principios de año con la vandalización de los bustos de José Martí, no se derriban bustos o estatuas desde los años iniciales del triunfo de la revolución, cuando se retiraron o destruyeron toda clase de monumentos como por ejemplo el de las víctimas del Maine, el presidente Estrada Palma, en La Habana y la Virgen de la Charca en Santa Clara.

José Miguel Gómez nació en Sancti Spíritus el 6 de julio de 1858, se incorporó a las filas independentistas en la guerra de 1895 y se destacó por su valor y capacidad de mando en numerosos combates, como por ejemplo el ataque a Arroyo Blanco. Terminó la contienda con los grados de Mayor General del Ejército Libertador. En la República fue electo democráticamente como segundo presidente de Cuba representando al Partido Liberal y ocupaba la primera magistratura cuando ocurrió el 20 de mayo de 1912 el alzamiento del Partido de Independientes de Color.

El 7 de agosto de 1908 fue fundado el Partido Independientes de Color para luchar por el cese de la discriminación racial a la población negra y por el acceso de los afrodescendientes a los puestos públicos, además de otras reivindicaciones sociales.

Los independientes de color, como eran conocidos, lograron adquirir cierta popularidad, hasta que en mayo de 1910 el partido fue declarado ilegal en virtud de la Enmienda Morúa, presentada por el legislador liberal mestizo, Martín Morúa Delgado, que prohibía la existencia de partidos con una sola raza, color o clase social. Al sacar a los independientes del juego político estos comenzaron a presionar para lograr del Congreso la revocación de la Enmienda Morúa, hasta que decidieron realizar la protesta armada con este fin, que se les fue de la mano a sus líderes y se convirtió en una guerra de guerrillas con toda la violencia que esta conlleva.

La insurrección fue rápidamente sofocada en Occidente, más tarde en Las Villas, pero en Oriente más de 1000 hombres negros o mestizos mal armados lograron establecerse sólidamente por lo que el Presidente José Miguel Gómez, amenazado con una nueva intervención norteamericana, ordenó la represión de la insurrección encargando al jefe del ejército, General José de Jesús Monteagudo, las acciones militares. Pronto las tropas de Monteagudo entre las que había muchos negros y mestizos se trasladaron a Oriente, y ahogaron la revuelta en un mar de sangre entre la población negra de Oriente tanto de insurrectos como civiles partidarios e incluso inocentes. No fue una guerra de razas sino una brutal represión política. Todo ello fomentado por un clima de venganza contra los instigadores de la guerra racista, al decir de la prensa de la época que propaló hechos no comprobados como la violación y muerte de una maestra blanca y la quema de miles de caballerías de caña, unidos a hechos reales como el incendio del poblado oriental de La Maya. Incluso fueron a combatir a Oriente las tropas de voluntarios de occidente y en todas las poblaciones se formaron milicias de voluntarios.

Sobre las bajas no se ponen de acuerdo los historiadores con las cifras. Las fuentes oficiales señalan algo más de 2000 personas. Otras fuentes apuntan más de tres mil y por último algunos estudiosos exageran las víctimas al situarlas entre 5000 o 6000. Horacio Ferrer en su libro Con el fusil al hombro, señala unas trescientas personas. Los historiadores César García del Pino y María de los Ángeles Meriño han alertado sobre la exageración en las cifras, incluso la Meriño estudió los cementerios orientales no encontrando las fosas comunes que arrastraba la tradición oral. Como quiera que sea es un capítulo muy oscuro de la historia de Cuba.

Encuentro positivo que los comunistas radicales expongan sus ideas por las vías adecuadas, argumentando y defendiendo sus ideas razonadamente. Es mejor coloquios y seminarios que una turba de personas enardecidas vandalizando y derribando estatuas. Estamos preparando así las bases para una futura Cuba civilizada y democrática donde todos los ciudadanos aporten sus opiniones y tengan su pedacito de la gran Casa-Cuba.

Respetuosamente discrepo con el autor de la petición y con el consejo de dirección de la revista digital Comunistas que lo apoya. No creo que José Miguel Gómez sea autor de ninguna limpieza étnica, ni creo oportuno comenzar en Cuba una cacería de supuestos racistas para retirar sus estatuas.

El Partido Liberal no discriminaba a los negros, de hecho José Miguel Gómez era amigo de Evaristo Estenoz, líder de los Independientes y las filas de los Independientes se nutrieron mayormente de los negros y mestizos del Partido Liberal. Como anécdota recuerdo que en la guerrita liberal de 1917 había muchos negros, incluso el padre del poeta Nicolás Guillén, el periodista negro Nicolás Guillén Urra murió peleando por el Partido Liberal y por José Miguel Gómez. La historia no es en blanco y negro, tiene muchos matices y sobre la base del análisis histórico puedo afirmar que José Miguel Gómez no tuvo ningún plan de limpieza étnica o exterminio de negros y mestizos. Debemos ocuparnos del racismo real y presente en Cuba, educando y creando oportunidades culturales, educativas y económicas a los afrodescendientes cubanos.

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Acerca del Autor

Serafín Martínez

Serafín Martínez

Jurista. Reside en La Habana, Cuba

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